Gary Oldman en El Quinto Elemento: análisis de su papel como Zorg

Gaumont / PR-ADN
Gary Oldman interpretó a Jean-Baptiste Zorg en la película "El Quinto Elemento", un papel que ha dividido opiniones y marcado su carrera, oscilando entre el reconocimiento por su extravagancia y cierta incomodidad respecto al enfoque del personaje.
Tl;dr
- Gary Oldman aceptó el papel de Zorg por amistad.
- La experiencia fue incómoda y llena de recuerdos agridulces.
- Hoy tolera el filme, influido por su entorno familiar.
Un papel icónico marcado por la incomodidad
Asociar a Gary Oldman con personajes memorables es algo habitual para cualquier aficionado al cine. Sin embargo, su encarnación del extravagante villano Zorg en Le Cinquième Élément, la superproducción de ciencia ficción dirigida por Luc Besson en 1997, ocupa un lugar especial —aunque ambiguo— tanto en la memoria colectiva como en el propio recuerdo del actor británico. A pesar del reconocimiento internacional que ha recibido este rol, y de que el filme se mantiene como referente indiscutible del género, lo cierto es que Oldman nunca logró sentirse plenamente cómodo con esta interpretación.
Entre obligaciones y amistad profesional
Curiosamente, el origen de su participación revela una motivación muy alejada del entusiasmo artístico. Por entonces, Oldman compaginaba proyectos personales —en particular, la dirección de Nil by Mouth— cuando aceptó sumarse a la película sin siquiera revisar el guion. El gesto fue más una muestra de lealtad hacia Besson, quien le había apoyado financieramente en el pasado. Como reconocería años más tarde, simplemente «cantaba para ganarse el pan» y accedió «por amistad». Esta decisión marcó no solo el tono de su presencia en pantalla sino también las sensaciones posteriores.
Aciagos recuerdos tras la máscara de Zorg
Adentrarse en la piel de Zorg resultó ser una experiencia tan peculiar como incómoda. Entre semanas enfundado en complejos atuendos futuristas diseñados por Jean Paul Gaultier, prótesis y pelucas excéntricas, y forzando un acento impostado, Oldman atravesó el rodaje casi a regañadientes. En palabras propias: «No lo soporto», confesó tiempo después a la revista Playboy. Lo curioso es que mientras su interpretación sigue siendo celebrada —hay quienes comparan esa energía con la de un Nicolas Cage desatado— él solo rescata memorias teñidas de cierta vergüenza y extrañeza.
Cambios de perspectiva y legado inesperado
El paso del tiempo suaviza algunas percepciones. De hecho, impulsado por su esposa Gisele, Oldman admite haber aprendido a tolerar e incluso disfrutar fugazmente del filme al revisarlo juntos. Sin embargo, los recuerdos incómodos regresan cada vez que aparece aquella inconfundible vestimenta naranja o los excesos visuales propios del film. Varios elementos explican esta sensación ambivalente:
- Dureza física del vestuario futurista.
- Papel aceptado sin entusiasmo personal.
- Peso emocional de las expectativas tras el éxito global.
En última instancia, este episodio consolidó una duradera colaboración entre dos figuras clave del cine europeo. El resultado: un clásico adorado por generaciones… aunque no tanto por su propio protagonista.