Pluribus episodio 3: el arma secreta inspirada en Breaking Bad

Sony Pictures Television / PR-ADN
El tercer episodio de Pluribus revela un recurso inédito que remite a la época de Breaking Bad, sorprendiendo a los seguidores de la serie con una conexión inesperada y abriendo nuevas posibilidades en el desarrollo de la trama.
Tl;dr
- «Pluribus» destaca por su cuidada realización visual.
- Gordon Smith aporta frescura respetando el sello Gilligan.
- Técnicas cinematográficas refuerzan la narrativa y la tensión.
Un regreso esperado: Gilligan y su nuevo reto
La expectación era palpable entre los seguidores de las grandes series. El regreso de Vince Gilligan, responsable de joyas como «Breaking Bad» y «Better Call Saul», ha supuesto un auténtico soplo de aire fresco para la plataforma Apple TV+. Su nueva creación, titulada «Pluribus» y protagonizada por la talentosa Rhea Seehorn, irrumpe en el panorama seriéfilo actual—dominado por fenómenos como «Succession» o «The White Lotus»—con una propuesta que destila paciencia narrativa y un mimo artesanal poco habitual.
Nueva batuta, mismo ADN visual
Sin embargo, este tercer episodio supone un punto de inflexión: tras firmar personalmente los dos primeros capítulos, Gilligan cede la dirección a su colaborador habitual, Gordon Smith. Lejos de limitarse a imitar al maestro, Smith imprime su huella personal mientras preserva la esencia inconfundible del creador. Junto al director de fotografía Paul Donachie, artífice también de la atmósfera del llamado «Gilligan-verse», consigue convertir la puesta en escena en protagonista silencioso. Cada secuencia parece milimétricamente pensada para potenciar el dramatismo.
Cine en estado puro: técnica al servicio del relato
La relación entre Carol y el inquietante «hive mind», esa entidad colectiva distante e impasible, se narra casi sin palabras. Smith apuesta por una creatividad visual que evita lo obvio: desde una cámara adherida a la rueda de un coche—sugiriendo alienación—hasta reflejos distorsionados capaces de transmitir confusión emocional. Se intuyen ecos de técnicas emblemáticas de «Breaking Bad», pero aquí adquieren nueva vida, especialmente en las escenas más íntimas.
Varios elementos explican esta maestría:
- Montajes coreografiados que ilustran rutinas colectivas del hive mind.
- Cadrages audaces herederos directos del universo Gilligan.
- Cortes dinámicos que amplifican cada clímax emocional.
El arte del detalle marca el pulso de «Pluribus»
En una escena particularmente tensa ambientada en Albuquerque—con una simple granada como eje dramático, introducida con ironía por Zosia—Smith y Donachie despliegan recursos propios del mejor cine: planos cenitales para aumentar la presión, juegos con el split diopter que fragmentan la profundidad de campo o alternancia entre steadycam fluido y cámara al hombro nerviosa. Así, este episodio se erige ya como una lección magistral sobre cómo el lenguaje audiovisual puede renovar el arte de contar historias en televisión.